Octubre y su gracia

Mayte L. Fernández

Octubre es sin duda uno de esos meses más regresivos y que más te empujan a adentrarte en una rutina, muy rutina. Aún con su día festivo casi en el medio, octubre ya sabe a invierno. Los rayos de sol cada vez más apagados y tímidas nubes que empiezan a salir cada vez con más fuerza. Algún día lluvioso por ahí y las primeras castañas.

Aunque como siempre, este mes también trae consigo cosas buenas. Y es que, según Maxwell Maltz, un reconocido cirujano de de la Universidad de Columbia en Estados Unidos, se necesitan 21 días para acostumbrarse a los cambios e integrar un hábito nuevo en tu rutina. Así que, si empezamos a contar desde el 15 de septiembre, cuando empieza el colegio, ya hemos tenido que adquirir, aunque solo sea por darle la razon a Maltz, algún hábito.

En mi sitio, Fuengirola (Málaga) octubre se celebra a lo grande. Y ya te digo a lo grande. Da igual de dónde vengas, Sevilla, Madrid, Barcelona o Zaragoza, la feria de Fuengirola sorprende hasta al viajero más curtido del mundo.
Sus luces y sus arcos de obra, sus farolillos por todo el centro y un ambiente que huele a algodón de azúcar. La Virgen del Rosario vestida en un trono que sujetan los mismos de siempre. ¡Viva la Virgen del Rosario, viva! Un niño que quiere saltar en las colchonetas y una mujer, adulta o no, que ya baila la primera sevillana. Un jinete peina la larga cola de su caballo. Y algún que otro rebujito entre volantes. Muchos volantes. Algo así como que si no te vistes de sevillana, estás cometiendo un pecado ¡o que sé yo! Quizá solo sean mis ganas de mezclar cada vez más y más volantes. O que esta sea la excusa perfecta para estrenar vestido cada año. Porque sí, podría tener un armario solo para este día.
Mírame a la cara que es la segunda sevillana y mientras pasa, otro niño inaugura la montaña rusa más alta. Unos buñuelos con chocolate se intercalan con una vasito de Cartojal y mientras, una pedida de mano. O bueno, esto quizá no ocurrió, pero ¿no sería divertido? Unos pendientes nuevos, preciosos por cierto. Un fotógrafo no pierde detalle. Un ventanal y un pequeño patio andaluz. Un extranjero me señala con su mano y me pide que pose. Dispira, flahs. Ya tiene una bonita postal.

Feria de Fuengirola 2022


Tercera. Y que tecera. El taconeo suena y resuena. Mi mente lo lleva clavado como si la melodía del despertador de mi móvil fuese. Un, dos, tres y vuelta otra vez. Y la mirada siempre al frente. Otro niño le pide a su madre un muñeco y lo que no sabe es que para conseguir uno de esos, hace falta mucha esperanza. La misma que yo tengo para que tarde en llegar, pero enseguida llega la cuarta.
Cuarta y última. Con su careo. Nadie quiere que termine. La gente baila más lento. O en mi cabeza quieren que bailen más lento. Una peineta con horquillas, un mantoncillo gira, un abanico se abre y no es por el calor. ¿Alguien duda de que con abanico se baile mejor?

Primer careo. Cosquillas en la barriga. Un niño llora. Empatizo con él. La música en directo vibra. Veo el cielo cada vez más cerca. Una barca vikinga. Enseguida llega el tercero, del segundo casi ni me acuerdo. El penúltimo siempre sabe a despedida que no quiere despedirse, por eso no es el último. Subo más mis manos, muevo los pies cada vez más rápido.


Ha llegado. Ya no hay niño. Mañana tiene que madrugar. El último giro me recuerda que es hora de volver. Mirada al frente, a los ojos. Una vuelta y a correr. Pose para la última foto. Ahora más relajada. Un vaso ya vacío y un corazón tan lleno como el de aquel niño.


Cositas tan pequeñitas que a mí me saben grande. Ha sido un placer, como estos 25 años. Ahora solo queda esperar 365 días más para que todo esto se vuelva a hacer realidad.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s